
Y sí… se escucha permanentemente, se dice permanentemente.
“No tengo tiempo”, “Se me pasa volando el tiempo”, “Ya de nuevo en fin de año”, etc, etc… Siempre queda “algo” que no llega a entrar en nuestro ritmo temporal.
Desde la física, ya desde hace un tiempo, hay especulaciones respecto a este sentir de los individuos, a través de lo que se conoce como “Resonancia Schuman”: la pulsación del campo magnético del planeta, que históricamente fue de aprox. 7 seg., pero que actualmente se mide en ¡12! pulsaciones por segundo. Desde este punto de vista, se explica así el sentir una “aceleración del tiempo”, como una correspondencia con el ritmo magnético de la Tierra. Los humanos sintonizaríamos así con todos nuestros compañeros seres vivos del planeta, sometidos a la inteligencia de la naturaleza.
¿Qué hacer? La verdad, es que al margen de estas (muy probables) especulaciones, también es cierto que podemos hacer algo para adueñarnos de nuestro tiempo.
El dicho “no tengo tiempo para mí”, bien puede ser una excusa para evadirse de uno mismo, emprendiendo acciones que no son prioritarias para el óptimo desarrollo de nuestro ser. Así, a veces podemos “atiborrarnos” de ocupaciones, pero si hiciéramos una lista concienzuda de todas ellas, veríamos que muchas son superfluas o redundantes unas de otras.
También, los tiempos modernos nos bombardean con estímulos permanentes, que nos llevan siempre a tener algo para hacer.
Pero, ¿todo lo que hacemos, es necesario? ¿Cuánto de eso lo utilizamos para no sentirnos protagonistas de nuestra vida?
Y la vida, siempre sabia, nos avisa de esto con una advertencia. A veces con sensación de vacío, de que no estamos viviendo nuestra vida. A veces con angustia, por qué no desesperación... Está en nosotros prestarle atención a la advertencia cuando la escuchamos…
EL VIAJE
No se trata realmente de que el barco
pasó sin que te dieras cuenta.
Más bien podríamos decir que el barco
paró directamente delante de la ventana de tu cuarto.
El capitán hizo sonar la sirena
y la banda comenzó a tocar una marcha triunfal.
El barco te llamó con un grito,
agitando sus banderas de colores brillantes,
su casco de plata brillando
a la luz del sol.
Pero tú tenías la idea de que irías por tren.
Así que seguiste mirando el horario de trenes.
El barco se cansó de esperarte,
levantó la rampa y
recogió el ancla.
El barco empezó a alejarse,
achicándose como un juguete...
Y en ese momento,
en ese preciso momento,
te dista cuenta de que tu verdadero amor
es el mar.
NAOMI SHIHAB NYE
Ilustración: Jacek Yerka










