Serunoconsigomismo

Una visión integral del Hombre. Para suscribirse: vmservivo91@gmail.com

viernes 6 de noviembre de 2009

Tripulando nuestro tiempo


Y sí… se escucha permanentemente, se dice permanentemente.
“No tengo tiempo”, “Se me pasa volando el tiempo”, “Ya de nuevo en fin de año”, etc, etc… Siempre queda “algo” que no llega a entrar en nuestro ritmo temporal.
Desde la física, ya desde hace un tiempo, hay especulaciones respecto a este sentir de los individuos, a través de lo que se conoce como “Resonancia Schuman”: la pulsación del campo magnético del planeta, que históricamente fue de aprox. 7 seg., pero que actualmente se mide en ¡12! pulsaciones por segundo. Desde este punto de vista, se explica así el sentir una “aceleración del tiempo”, como una correspondencia con el ritmo magnético de la Tierra. Los humanos sintonizaríamos así con todos nuestros compañeros seres vivos del planeta, sometidos a la inteligencia de la naturaleza.
¿Qué hacer? La verdad, es que al margen de estas (muy probables) especulaciones, también es cierto que podemos hacer algo para adueñarnos de nuestro tiempo.
El dicho “no tengo tiempo para mí”, bien puede ser una excusa para evadirse de uno mismo, emprendiendo acciones que no son prioritarias para el óptimo desarrollo de nuestro ser. Así, a veces podemos “atiborrarnos” de ocupaciones, pero si hiciéramos una lista concienzuda de todas ellas, veríamos que muchas son superfluas o redundantes unas de otras.
También, los tiempos modernos nos bombardean con estímulos permanentes, que nos llevan siempre a tener algo para hacer.
Pero, ¿todo lo que hacemos, es necesario? ¿Cuánto de eso lo utilizamos para no sentirnos protagonistas de nuestra vida?
Y la vida, siempre sabia, nos avisa de esto con una advertencia. A veces con sensación de vacío, de que no estamos viviendo nuestra vida. A veces con angustia, por qué no desesperación... Está en nosotros prestarle atención a la advertencia cuando la escuchamos…


EL VIAJE
No se trata realmente de que el barco
pasó sin que te dieras cuenta.
Más bien podríamos decir que el barco
paró directamente delante de la ventana de tu cuarto.
El capitán hizo sonar la sirena
y la banda comenzó a tocar una marcha triunfal.
El barco te llamó con un grito,
agitando sus banderas de colores brillantes,
su casco de plata brillando
a la luz del sol.

Pero tú tenías la idea de que irías por tren.
Así que seguiste mirando el horario de trenes.

El barco se cansó de esperarte,
levantó la rampa y
recogió el ancla.
El barco empezó a alejarse,
achicándose como un juguete...

Y en ese momento,
en ese preciso momento,
te dista cuenta de que tu verdadero amor
es el mar.

NAOMI SHIHAB NYE

Ilustración: Jacek Yerka

viernes 23 de octubre de 2009

Sobre la Otra Psicoterapia


Un terapeuta impersonal, que no debe dejar de traslucirse a sí mismo: desde el encuadre clásico, estructurado, vemos progresivamente que va surgiendo otra clase de psicoterapia. Cada vez más terapeutas se sienten “inadecuados” a la clásica corriente terapéutica, que gira alrededor de la “abstinencia aséptica”… Cada vez más, surgen terapeutas que consideran que si el vínculo terapéutico no es, por sobre todas las cosas, un vínculo humano, no hay terapia posible. Y que quien viene buscando ayuda en su camino, no es un diagnóstico, ni un “caso”: es un ser Humano al margen de cualquier categoría diagnóstica.
Este modelo terapéutico, propio del abordaje Humanista y Transpersonal, implica por parte del terapeuta la escucha del individuo desde una disponibilidad para compartir con él no sólo lo que sabe intelectualmente, sino también LO QUE EL ES: su mirada de la vida, sus emociones, sus estrategias para ir trabajando con sus propias dificultades personales, sin implicar que sea la correcta a seguir. Porque un vínculo terapéutico es eficaz si implica un proceso de transformación no solamente en el paciente, sino también en el terapeuta.
Mucha gente teme comenzar un tratamiento por el preconcepto de que emprender ese camino es “hurgar” en lo doloroso. Pero en ese vínculo humano terapéutico, debe ser posible contactarse con eso doloroso, aprendiendo que no se es solamente esa circunstancia vital, sino que lo que uno es en Esencia, es mucho más que eso que está viviendo circunstancialmente. Así, de a poco, se irá construyendo un vínculo más maduro consigo mismo, pudiendo aprender y fortalecerse de sus partes doloridas.
Si puede establecerse ese vínculo humano en el espacio terapéutico, al tiempo… ambos (terapeuta y paciente) ya no serán desconocidos entre sí, ya que emprendieron un camino de aprendizaje mutuo. Hay terapeutas quienes piensan que es azaroso su grupo de pacientes, con sus problemáticas. Pero lo cierto, es que desde este enfoque, esto no es así: el hecho de que un determinado individuo se presente con determinado terapeuta podría implicar un aprendizaje mutuo a emprender, con las emociones que puedan implicar. Desde un enfoque más “aséptico” terapéutico, se recomienda que si un paciente provoca emociones encontradas en su terapeuta, éste debería “derivarlo” a otro colega. Pues bien, desde este enfoque, sólo así es que el terapeuta contacta su esencia con la de su paciente… Se gesta entre ambos un saber común, un lenguaje particular, una comunicación propia. Un afecto propio, básico: puro sentimiento humano, como decía Rogers. Consiste en sentir tanto interés por la otra persona, que no se desea interferir en su desarrollo ni usarla con fines egoístas.
Emprender este camino como terapeuta, puede implicar una decisión irreversible para el profesional. Será juzgado, criticado por sus colegas desde otras formas de pensamiento. Lo enfrentará a las categorías de la mente, ya que implica no ver a un paciente desde categorías diagnósticas… Implica correrse del lugar de experto. El otro es un misterio, una aventura a descubrir, para sí mismo, y para el otro. Ambos emprenden un camino alquímico…


“He llegado a comprender que ganar la confianza del otro no exige una rígida estabilidad, sino que supone ser sincero y auténtico. He escogido el término “coherente” para describir la manera de ser que me gustaría lograr. Eso significa que debo poder advertir cualquier sentimiento o actitud que experimento a cada momento. Cuando esto se cumple, soy una persona integrada, y por consiguiente, puedo ser tal como soy en lo profundo de mí mismo. Esta es la realidad que inspira confianza a los demás”
Carl Rogers: “El proceso de convertirse en persona”

Y así, teniendo (quizás por primera vez) un vínculo auténtico terapéutico (con todo lo que implica), el individuo pueda animarse a tener un vínculo más auténtico… consigo mismo.


Ilustración: Grabado alquímico

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domingo 4 de octubre de 2009

Del abismo al vuelo



"Acercaos al borde", les dijo.
"Tenemos miedo", respondieron.
"Acercaos al borde", les dijo.
Se acercaron.
El les empujó... y salieron volando.
G. Apollinaire

Uno de los aspectos saludables de una persona, consiste en su capacidad flexible de acompañar los cambios que en su vida se produzcan. Y estos cambios pueden obedecer a distintas causas, pero lo constante es que el individuo debe responder a ellos, con una apertura flexible. Y cuando esto sucede, decimos que la persona atraviesa una Crisis, como una reacomodación que permitirá un nuevo orden y equilibro en su vida, nunca el mismo.
A veces, la persona ingresa en una crisis como consecuencia de un cambio en su medio: las condiciones en las que vivía cambiaron drásticamente. Sea una pérdida económica, circunstancias sociales, la muerte de un ser querido. Algo “exterior” a la persona rompe su equilibrio, y la obliga a reestructurarse y reacomodarse. El grado en que la persona se afecte por este tipo de crisis dependerá de su personalidad previa (los recursos que tiene para afrontarlo, por ejemplo), pero siempre vemos en estos casos un cambio de conducta, hábitos, y una necesidad de realizar “remodelaciones” en la personalidad.
Por otro lado, existen Otro tipo de crisis, originadas desde el interior de una persona, como una eclosión de un proceso psíquico que viene gestándose desde tiempo antes. Y la crisis, aquí, es sólo la manifestación y necesidad de virar hacia un nuevo equilibrio psíquico de algo que produjo una “eclosión” interna. En algunos de estos casos, estamos en terreno de lo patológico, donde verificamos un deterioro del funcionamiento de la persona (se torna menos sano, menos armónico que su estado anterior). Pero también, hay crisis originadas en el interior de una persona, que, aun cuando en su manifestación sean similar a estas últimas, no revisten patología alguna: son Crisis de transformación interna, existencial.
Ya sabemos que la oruga se transforma paulatinamente en mariposa en su capullo, gestándose a sí misma. Pero no llega a nacer completamente si no es con mucho esfuerzo y trabajo: debe realizar un proceso de nacimiento, en el que debe romper su capullo con mucho esfuerzo para poder nacer como otro ser diferente (pero que sigue conteniendo a la oruga que fue… pero ahora en un escalón evolutivo amplificado). En oportunidades, el orden que guía nuestra existencia, valores, etc, deja de ser el orden que nos ordena en la realidad, como si nos quedara “pequeño” para movernos sanamente. Esto sucede habitualmente en los pasos evolutivos, como de la niñez a la adolescencia, a la madurez… pero también puede suceder en aquellos momentos de nuestra vida en donde si no viramos respecto a nuestro eje de existencia, simplemente no podremos seguir viviendo (simbólicamente), donde debemos nacer como otro Ser para continuar nuestra existencia (pero conteniendo a aquél que fuimos)…
De modo que aun existiendo distintos tipos de crisis, la persona parte como en un viaje en la búsqueda de un nuevo equilibrio, su nuevo Ser, de Sí Mismo. Sea cual sea el tipo de crisis, el desafío al que nos enfrentamos con ellas es tornarlas como el nacimiento de la mariposa: nacer a un nuevo equilibrio que permita una transformación a la persona, con unos horizontes más flexibles y amplios de su existencia. ¿Cómo?
Preguntándonos frente a momentos críticos de nuestra vida, qué aprendimos con lo que nos sucedió, qué decisiones nos llevó a tomar, qué cambiamos de nosotros mismos frente a ellas, qué estamos dispuestos a arriesgar para ser más sanos. Ser los protagonistas de lo que nos sucede... aun en una tormenta.


EL RIESGO DE ARRIESGAR.

Reir tiene el riesgo de parecer tonto.
Llorar, el de parecer sentimental.
Destacarse puede significar quedar comprometido.
Mostrar los sentimientos puede dejar al descubierto lo que somos.
Exponer ideas o sueños al gran público puede acarrearnos desilusión.
Amar tiene el riesgo de no ser amado.
Estar vivo significa que algún día moriremos.
La esperanza puede terminar en desesperanza e intentar cosas en fracaso.
Pero hay que correr el riesgo,
Porque la derrota más grande proviene de no tomarlo.
La persona que nada arriesga, nada hace y nada tiene.
Se puede evitar el sufrimiento y la ansiedad,
Pero también se cierra la posibilidad de aprender, sentir, cambiar, crecer, amar, vivir.
Encadenarse a la certidumbre es convertirse en esclavo.
Sólo la persona que arriesga es Libre.

Anónimo.


Ilustración: Antiguo grabado alquímico

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martes 22 de septiembre de 2009

CIENCIA Y ESPIRITUALIDAD


Durante mucho tiempo, se creyó (nos enseñaron así), que la Ciencia –fría y analítica, y las Humanidades –estética, sentimiento y espíritu-, eran dos Mundos diferentes e irreconciliables, que funcionaban independientemente una de otra. Creencia occidental sospechosa, teniendo en cuenta que también durante muchos siglos (modernos) se fomentó una separación entre nuestras formas de razonar, entre nuestros hemisferios cerebrales derecho (estético y holístico) e izquierdo (lógico y racional). La humanidad se empeñó durante siglos en fomentar una conciencia humana dividida.
Lo cierto es que cada vez más (y fuertemente en este siglo), la ciencia no está haciendo más que corroborar con sus avances y descubrimientos ciertas intuiciones con las que la humanidad se maneja hace milenios. Y, a medida que avanza cada vez más la ciencia, los propios científicos llegan con asombro a descubrir que cada vez… se encuentran menos explicaciones lógicas y racionales. Cuanto más “se sabe”, tanto más se radicalizan las preguntas. En la naturaleza no existe algo como un nivel profundo donde “todo tiene sentido”, sino que a medida que se profundiza el conocimiento, se llega a un punto de asombro total, profundo y poderoso misterio. Como cuando éramos niños y nos cautivaba la naturaleza, aun sin comprenderla lógicamente. De alguna manera, la ciencia actual con sus últimos desarrollos, convoca al asombro, a la credulidad: nos hace entrar al reino de las paradojas. Nos pide que si queremos avanzar en la Naturaleza, en un momento dado debemos dejar de lado la lógica racional, para ingresar al Paraíso del misterio (como Virgilio sólo puede acompañar a Dante ante las puertas del Paraíso, pero no puede ingresar en él…).
Es sorprendente cómo cada vez más hay una convergencia entre ciencia y espiritualidad, cómo se verifican o pueden explicarse aquellos conocimientos que distintas tradiciones espirituales sostienen hace siglos (respecto a meditación y cerebro, sonido, etc). “El hecho de que podamos citar verdades enunciadas tanto por científicos como por poetas es ya en algún sentido una prueba… de que nos estamos aproximando a una nueva Unidad, a una ciencia no totalitaria, en la que nadie trata de reducir un nivel a otro” (Iliya Prigogine, premio Nobel de química).
Si hacemos un recorrido por las distintas teorías científicas actuales, más que apuntar al mundo como un autómata, se apunta al mundo como obra de arte, donde reina el misterio y donde deben sostenerse preguntas más que buscar respuestas, como decía el poeta Rilke.
No es nueva la unión entre ciencia y espiritualidad: William James, el matrimonio Curie, Einstein, Pauli, Planck convocaron a su unión. Dentro de la neurología, cada vez se encuentra más asombro respecto al funcionamiento cerebral, y en el estado actual de esa disciplina ya se pueden fundamentar los estados espirituales considerados por las distintas tradiciones de sabiduría. Hace siglos, mucho antes de su descubrimiento por la ciencia occidental, los antiguos yogis ya habían descubierto el correcto funcionamiento de la glándula pineal. Respecto a esto, Pribram (neurólogo, cuyo trabajo gira en conceptualizar la memoria como un holograma) dice sorprendentemente: “en estado holográfico –a nivel de las frecuencias-, hace cuatro mil años es lo mismo que mañana”. También, recordemos que gracias a la teoría de resonancia mórfica de Rupert Sheldrake (biólogo), se habla en biología de una inteligencia común de cada especie, como un inconsciente colectivo. Y en la biología parece muy normal…
Uno de los descubrimientos considerado como el “más importantes de la ciencia” en este siglo, fue el llamado “Teorema de Bell” (1964). Los experimentos demuestran que, si se separan dos partículas idénticas (de polaridad complementaria) y el experimentador cambia la polaridad de una de ellas… la otra cambia instantáneamente!!!, aun estando a distancia. Las dos partículas permanecen misteriosamente en relación: como un todo indivisible. La física nos confirma así la visión mística de “todos somos uno”, y aquellos estados no ordinarios de conciencia donde puede vivenciarse esa sensación de unidad con lo existente (como en la meditación, por ejemplo). Si eso le sucede a dos partículas, es de suponer que en otra escala (ser humano) suceda algo similar.
La humanidad habló durante siglos una Babel de lenguas, escindiéndose para comprenderse… cuando en realidad, hay una sola lengua que nos habla, incluso en nuestra propia naturaleza interna.

“No es cuestión de esperar otro año, u otra década, o que surja otra teoría. En este momento, parece que la ciencia no podrá nunca alzar el telón tras el que se oculta el misterio de la creación” (Jastrow, astrofísico de la NASA)


Para finalizar, un hermoso poema enviado por uno de nuestros lectores:

HABLA EL HOMBRE ÁRBOL

Simplemente vive.
El viento conoce
Cuando necesitas mudar de hojas;
Permítele que las arranque
Y cree con sus secas figuras a su contacto
La tonada de la renovación.

En tu savia corre
El amor por la amplitud del firmamento.
Deja a cada uno de tus vástagos
Su propio sueño
Y entrégate entero en cada fruto.

Miles de avecillas
Anidaran con el tiempo en tus ramas;
Y así,
Sin que lo adviertas,
Al final de cada día
Los secretos de muchos cielos
Conocerás.

Montsalvad

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martes 8 de septiembre de 2009

Procusto y la tolerancia a lo diferente.



Una vez más recurrimos a la mitología…
Procusto tenía su casa en las colinas, donde ofrecía morada a quien pasara por allí de viaje. A quien cayera “víctima” de su hospitalidad incondicional, le ofrecía una valiosa cama de oro, adornada con miles de diamantes. Y sí, quien necesitaba hospedaje, era una víctima, porque el lecho de Procusto tenía una particularidad: como el lecho era absolutamente valioso y no podía ser modificado, si la persona era alta, Procusto procedía a serrar las partes de su cuerpo que sobresalían. Si por el contrario la persona era más baja, era maniatada y descoyuntada a martillazos hasta estirarla. Según otras versiones, nadie coincidía jamás con el tamaño de la cama porque ésta era secretamente regulable: Procrusto la alargaba o acortaba a voluntad antes de la llegada de sus víctimas. En realidad, no era la cama para el invitado, sino éste para la cama… Peor aún: quizás Procusto lo hacía con la mejor intención del mundo, ya que había construido el lecho en base al promedio de tamaño de los ciudadanos : en base a un promedio fijo (aunque en la ciudad hubiera diversidades de personas, que no reflejaban el promedio fijado…).

Si bien creemos (ilusoriamente) que hay “tipos, categorías” de seres humanos, lo cierto es que si pudiéramos poner una lupa sobre cada ser humano, nos encontraríamos con la sentencia del maravilloso Caetano Veloso: “De cerca, nadie es “normal”. Y sí, es muy raro, casi imposible, encontrar a un individuo que encaje perfectamente en una “cama” ya construida. Y en caso de que pretenda ajustarse a ella, indefectiblemente quedarán cercenados aspectos propios y únicos.
¿Obsesión y desesperación por encajar en parámetros socialmente fijados? Así como pensamos que debemos ajustarnos a lo estandarizado por nuestra cultura, por temor a ser marginados y aislados, ¿también toleramos lo que es diferente a nosotros, a quienes sienten o piensan de otra manera a la propia, tratando de ajustarlos a nosotros? Maslow sostenía que las personas que se “autorrealizan” nos despiertan admiración pero también sentimientos hostiles (contravaloración). ¿Cuál sería el motivo de esta ambivalencia, a menudo inconsciente? Maslow sostiene que la presencia de personas autorrealizadas (que despliegan todo su potencial interno y creador, “imposibles de poner en un molde”) pueden despertar en otros sentimientos hostiles a modo de espejo, que les devuelve a los otros lo que han “cercenado” de sí mismos para encajar en parámetros establecidos. Dice: “Si podemos aprender a amar más cabalmente los valores supremos en los otros, tal vez consigamos amar esas mismas cualidades en nosotros mismos”.
Cuando pretendemos mirar la realidad con una determinada actitud, por añadidura estaremos dejando de lado muchos aspectos. A veces, esto es inevitablemente así, pero podemos amplificar nuestra visión simplemente considerando que hay un sentido que contiene nuestra existencia que nos excede… y que nos contiene. Y que si decidimos contemplar UN aspecto de la realidad, será eso: UN aspecto, contenido en algo superior que le da sentido.
Entonces, cuando somos intolerantes a lo diferente a nosotros mismos, ¿qué parte nuestra se amuralla ahí? (¿nuestras máximas grandezas?, como diría Maslow); ¿tememos que se modifiquen nuestros parámetros tranquilizadores, pero cercenantes? Se dice que uno se relaciona y comporta con los otros semejantes de la misma manera que uno se relaciona consigo mismo. Quien no es conciliador con las propias contradicciones, ¿cómo serlo con los otros, aceptando las diferencias que nos enriquecen?
Pobre Procusto…

"NOMBRES"
El árbol que andas buscando a veces se llama sol,
o también lago, o nube.
Pero también puedes llamarlo mar, arena o viento.
En cada uno de ellos encuentras el árbol de la vida.

Lo que te ha engendrado está producido por otro,
y así sucesivamente.
Lo que tú llamas padre, para otro es hijo.
Si te atienes a los nombres pierdes de vista el Uno.
Los nombres son muchos, mientras que el Uno es único.
Ese es el árbol que estás buscando.
Te has tomado tu misión al pie de la letra,
por eso has fracasado.
Así fue como descubrió las raíces del árbol,
buscando en su propio corazón.

Rumi, místico y poeta persa, 1207-1273

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miércoles 26 de agosto de 2009

Nacer por segunda vez


Los niños son pura esencia. Investigadores natos, no hay preconceptos que limiten su experiencia. Todo es un mundo a descubrir, a tocar, ver, explorar. Tienen ganas de todo, y como una esponja, absorben todo lo que los rodea. Al no estar aún establecidos los preconceptos culturales que luego moldearán nuestra forma de ser, la forma de nutrirse y de aprender de los niños es a través de los sentidos. Esa parte esencial que todos poseemos, alma, espíritu, Sí Mismo, o como queramos llamarlo, nos muestra así por primera vez cómo se relaciona con lo que nos rodea, intuitiva y sensitivamente.
Luego, como corresponde a todo proceso de socialización, debe conformarse una personalidad, que funcione como nuestra parte adaptativa en el medio que nos rodea. Funcionando con preconceptos culturales y sociales, nuestra personalidad toma la “posta”, para que podamos conformar hábitos emocionales, intelectuales… Y aquel indómito explorador que antes fuimos pretende ser domesticado con hábitos de higiene, escolaridad, sociales.
Por un lado, está bien que así sea. Pero sucede que aquel intrépido y curioso ser que fuimos en nuestros inicios, tan cercano a nuestra Esencia, es indomesticable. Lo notamos, cuando ya entrados en la mitad de la vida (distintas tradiciones de sabiduría hablan de pasada la cuarta década, entre los 30 y los 40) aquellas estructuras mentales que sí nos sirvieron en algún momento para socializarnos, simplemente se van tornando obsoletas, y nos manifiestan que lo que considerábamos nuestro eje de existencia… sencillamente fue una ilusión. Sensación de vida vacía, frustración, estancamiento existencial, pueden ser algunas de las manifestaciones de que sencillamente… tratamos de acallar aquella parte nuestra que TODAVIA quiere seguir absorviendo todo del mundo… porque a eso vino.
Llegados a este momento, se produce una Crisis de transformación existencial (espiritual), que tendría que ver con una traslocación del eje de la existencia. ¿Quién SOY? ¿Vivo para lo que los demás quieren? ¿Qué no quiero para mí y quién no soy? Momentos de crisis, donde el individuo, si no cambia radicalmente el eje de su existencia, sencillamente no concibe su vida (incluso puede vivenciar síntomas que semejan patológicos, pero que no lo son realmente). Y, lo más importante: sabe que luego de este cuestionamiento, no hay vuelta atrás. Ya nada puede ser como antes: enhorabuena. Esto es lo que se da en llamar Proceso de Individuación, con términos de Jung, que en cada individuo tomará características únicas y particulares, ya que de lo que se trata es de descubrir nuestra verdadera Esencia que comanda a nuestra existencia.
De eso hablan distintas tradiciones de sabiduría, cuando hablan de la muerte del “hombre viejo” en nosotros, como una mente estructurada que nos asfixia. Al quebrar esa rigidez… sí, lo volveremos a encontrar, a aquel que fuimos, aquel que portaba nuestra esencia. Por esa razón el Niño simboliza la pureza del espíritu y al hombre nuevo en nosotros. Mirar con ojos de niños es resacralizar aquello que hemos desacralizado en nuestra vida. Y así, ser cada vez más íntegros.
Les dejo un poema del eterno Mario Benedetti:

Ustedes y nosotros

Ustedes cuando aman
exigen bienestar
una cama de cedro
y un colchón especial,
nosotros cuando amamos
es fácil de arreglar
con sábanas qué bueno
sin sábanas da igual.

Ustedes cuando aman
calculan interés
y cuando se desaman
calculan otra vez,
nosotros cuando amamos
es como renacer
y si nos desamamos
no la pasamos bien.

Ustedes cuando aman
son de otra magnitud
hay fotos chismes prensa
y el amor es un boom,
nosotros cuando amamos
es un amor común
tan simple y tan sabroso
como tener salud.

Ustedes cuando aman
consultan el reloj
porque el tiempo que pierden
vale medio millón,
nosotros cuando amamos
sin prisa y con fervor
gozamos y nos sale
barata la función.

Ustedes cuando aman
al analista van
él es quien dictamina
si lo hacen bien o mal,
nosotros cuando amamos
sin tanta cortedad
el subconsciente piola
se pone a disfrutar.

Ustedes cuando aman
exigen bienestar
una cama de cedro
y un colchón especial,
nosotros cuando amamos
es fácil de arreglar
con sábanas qué bueno
sin sábanas da igual.

Mario Benedetti


Ilustración: Aline Anjos.

jueves 13 de agosto de 2009

El derecho al auto-descubrimiento

“Se está redactando en nuestro tiempo un manifiesto secreto. Su lenguaje es una petición que podemos leer en los ojos de los demás. Es el deseo de conocer nuestra auténtica vocación en el mundo, de encontrar el modo de ser y de hacer propio de cada uno… Estoy hablando del Manifiesto de la Persona, la declaración de nuestro derecho soberano al auto-descubrimiento…su influjo se nota de forma significativa en torno nuestro, como una corriente subterránea en nuestra historia, que despierta en todos aquellos a quien toca una sensación sobre la profundidad de las raíces del propio ser…” (Roszak, 1976, en Symposium Mundial de la Humanidad)

El gran psicólogo humanista A. Maslow esquematizó de manera sencilla algo que es absolutamente trascendente en nuestra especie: se trata de aquellas personas que, al margen de tener en común con todos los demás seres la satisfacción de las necesidades de alimento, seguridad, agua, afecto, pertenencia, responden a una necesidad profunda de satisfacer necesidades espirituales o trascendentes, a las que llamó Metanecesidades. Y aquí encontramos a aquellos seres que “mueven” ideas, inspiran formas de pensar en otros, que promueven cambios profundos en la humanidad. Como dice Marilyn Ferguson, “los conspiradores” de la humanidad… Seres que logran ver el cambio cuando éste se está produciendo, incluso antes.
Estas personas no persiguen reconocimiento, lucro, sino tan sólo despertar a sus prójimos a otras realidades. A veces desconocidos, a veces desde el silencio, la gente que escucha sus metanecesidades se halla conectada entre sí, ya que persiguen un mismo propósito: una nueva conciencia humana y planetaria, que sus prójimos despierten a su "ser". Lejos de pretender ser reconocidos socialmente, a veces incluso no saben que haciendo lo que hacen, gestan una nueva realidad…
“El prójimo es uno mismo”: alta percepción que nos abre a otra realidad humana. El antiguo (y poco evolutivo) “Yo” y “los otros”, nos posiciona distintos, separados de los que nos rodean. Y esto es ilusorio, porque todos los seres humanos poseemos las mismas necesidades y metanecesidades a desarrollar y descubrir. Y el camino para esto será transitarlo con nuestros compañeros de vida, nuestros prójimos. Los otros nos ayudan a descubrirnos, aun quienes consideramos “entorpecedores” y “negativos” en nuestra vida. Cada ser que transita a nuestro lado nos tocará alguna fibra que despertará alguna parte de nuestro ser. La responsabilidad ética será NUESTRA, en aceptarla como propia y comprenderla. Esto no significa avalar la actitud y pensamiento del otro, con quien puedo incluso desacordar, sino que gracias al otro (a partir del otro, incluso hasta de su daño), puedo abrir puertas desconocidas en Mí Mismo.

“Había una vez un viejo en una comunidad cuyos miembros tenían dificultades para vivir con él. Era desagradable, discutidor, ruidoso, olía mal y siempre causaba problemas. Al final, después de muchos meses de discusión con los otros miembros de la comunidad, se desanimó, se convirtió en hombre silencioso y se fue a vivir solo a París. Cuando Gurdjeff se enteró, fue a París, lo encontró y le convenció de que volviese, pero únicamente ofreciéndole una gran cantidad de dinero… Los miembros de la comunidad se irritaron cuando vieron que había vuelto y supieron que se le pagaba por ello… Gurdjeff les dio la siguiente explicación: “Este hombre es como la levadura para el pan. Si él no estuviera aquí, no entenderías realmente el significado de la paciencia, el significado del amor desinteresado o la compasión. No podrías aprender a enfrentaros a vuestro propio enfado o irritación. Así pues, vosotros me pagáis a mí por enseñaros y yo le pago a él por ayudar” (“The experience of insight”, Joseph Goldstein)


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"No voy a cometer la estupidez tan de moda de considerar como un fraude a todo aquello que no puedo comprender".
Carl Jung.

El Ser Humano, en su complejidad, debe ser aprehendido desde su esfera individual, pero tambièn desde lo colectivo y lo trascendente. MI MAIL: vmservivo91@gmail.com