
Michel Foucault dicta su último seminario en 1983, titulado nada menos que “Coraje y verdad”. En él, trae al mundo contemporáneo un concepto de la antigua Grecia, al que deberíamos sacarle el polvo.
Parrhesía es un concepto bastante difícil de situar en nuestro mundo contemporáneo, y no es sin razón. Traducido habitualmente al español como un “hablar franco”, se diferencia del concepto griego de Isegoria, que se trataba de un derecho igualitario para todos de utilizar la palabra. Pero Parrhesía es algo más: se trata de la virtud de atreverse a usar la palabra para decir la verdad. La democracia para los griegos se tambalea por falta de uso de la parrhesía. Así es de fundamental…
El parresiasta no oculta nada en su decir, sino que abre completamente su corazón y su mente a otras personas mediante el discurso. El hablante da cuenta completa y exactamente de lo que tiene en mente, y por eso la audiencia comprende exactamente qué piensa el que habla: hay transparencia entre el pensar y el decir.
Refiere Foucault que Parrhesía no consiste en decir cualquier cosa o todo lo que se le pase a uno por la cabeza: el parresiasta dice lo que es verdad porque sabe que es verdad. Esto inmediatamente nos hace eco en nuestras mentes modernas, pero para los antiguos griegos creencia y verdad coincidían en la actividad y acto de la parrhesía.
Se trata de un acto de prueba de sinceridad y coraje de quien habla: Foucault menciona que un momento de parrhesía se distingue porque quien habla dice algo “peligroso”. ¿Para quién? Para sí mismo. El individuo es un decidor de verdad, arriesgándose él mismo en su integridad e identidad. Aquí nos viene a la memoria la figura de Sócrates, parresiasta puro decidor de verdad, aun a costa de su vida.
Lo que se dice en la parrhesía es verdad, y es más: se asume el riesgo de ello.
¿Qué se arriesga a perder cuando uno siente el deber ETICO de decir la verdad, a otros, a uno mismo, a la propia familia? Popularidad, amistad, amor… Pero es inevitable: uno se siente demandado por el coraje a decir la verdad, sobre quien es uno, sobre los propios sentimientos. Cuando se llega a esa demanda de coraje, la propia vida es expuesta: uno es llamado a asumir una relación especial CON UNO MISMO, porque decir la verdad requiere de un vínculo de coraje para con los otros, pero fundamentalmente con uno mismo. Uno se arriesga a morir en la propia identidad conocida, en vez de continuar viviendo en la mediocre seguridad de una vida con la verdad no dicha. Se trata de preferirse a sí mismo como ser auténtico.
Será por esto que para los griegos, parrhesía era considerada como tejne, “guía espiritual”…
2 comentarios:
Dicen que justamente ese es el objetivo del vínculo terapéutico: El de reencontrarnos con nuestra propia verdad. Incluso poniendo en peligro a nuestro ego. Brillante y elegante, como todo lo que usted escribe Licenciada. Saludos desde el sur del sur.
Coincido, interesante artículo y muy bien escrito, como siempre.
Saludos,
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