Si aprehendemos al individuo desde una visión integral y holística, debemos contemplar su aspecto físico, en lo que comporta de respuesta a nuestras emociones.
Wilheim Reich, a principios de siglo XX, ya había realizado su aporte al respecto, postulando que el inconsciente es imposible de ser disfrazado u escondido, y que es
absolutamente visible en nuestro cuerpo: ciertas posturas, gestos o tonos musculares son expresiones directas de nuestro inconsciente. Cuando, a lo largo de nuestra vida desoímos los mensajes de nuestro inconsciente o intentamos obturarlo, se constituye una verdadera Coraza Muscular de nuestro Carácter, la que es sostenida permanentemente, con un gran gasto psico-físico, con el objetivo de no mostrar y disfrazar lo que se siente o desea. Pero hay en esto un serio inconveniente: nunca puede realizarse completamente…El disfraz respecto a nuestro sentir es un engaño sólo para uno mismo, porque nuestro cuerpo lo deja al descubierto (contracturas musculares crónicas, alteraciones en la respiración, posturas, sudoración, gestos, tics, muecas, etc): el cuerpo habla. Si una persona padece una frustración o inhibición, se contrae, se densifica: se encoge. La angustia que siente implica en esos momentos ciertamente un registro por parte de su conciencia de que no podrá ejecutar un rol de modo adecuado e involucrado como individuo.
La Coraza Muscular del Carácter se constituye a lo largo de nuestra constitución psíquica: es un producto físico de reacciones emocionales constantes a nuestro medio de contención. En una respuesta emocional, todo nuestro Ser se expresa de modo total, y en sus diferentes aspectos. Siendo adultos, e inmersos en otro medio de contención, podemos poseer un tono muscular de defensa, semejante al que constituimos en nuestra infancia (cuando quizás sí era necesario a modo de defensa emocional). Reich se formula en relación a este concepto un interrogante: Cuando uno le dice a un niño “No llores”, ¿cómo haría un niño para no llorar? ¿Qué se hace para no llorar cuando se desea llorar y nos invade la emoción? Amor y tristeza, dirá, son emociones que llevan a una integración individual, siempre y cuando sean expresadas.
Cada vez que contenemos una expresión emocional, no sólo reprimimos algo propio a nivel psíquico, sino que contribuimos a tallar nuestra propia persona, nuestro cuerpo, nuestras actitudes y nuestras expresiones.
El Vizconde demediado, era aquel maravilloso personaje de Italo Calvino, que, habiendo transcurrido su vida dividido en dos mitades (cada una de las cuales llevaba vidas opuestas), debe integrarse en el campo de batalla, en el momento de su muerte. No hay manera de posponer un trabajo de integración sobre uno mismo. Tarde o temprano, debemos realizar una mirada sincera e integrada de nuestro Ser, o nuestro cuerpo lo hará por nosotros.
1 comentarios:
Excelente. Gracias. Olga
Publicar un comentario en la entrada